La belleza y la fertilidad de estas tierras han atraído a distintos pueblos a lo largo de la Historia. Íberos, romanos y musulmanes dejaron su huella en ella. Varios museos de la zona nos muestran la cultura de estos pueblos a través de sus vestigios. Uno de ellos es el de Campillo de Altobuey ubicado en el convento de la Virgen de la Loma.

La impronta histórica dejada por la comarca a lo largo de su cronología se ve también reflejada en su riqueza monumental y arquitectónica.

El comienzo de los asentamientos humanos en la Manchuela Conquense se remonta al periodo de dominación íbera. Así lo certifican los incontables yacimientos arqueológicos encontramos en la zona.

Estos pobladores fueron los primeros en asentarse en la comarca del centro peninsular. Como testimonio verídico de ello se pueden encontrar restos en el Museo Arqueológico Nacional donde se conservan platos y enseres de la época, y en el Museo Arqueológico de Albacete. También es recomendable una visita al Museo de Iniesta, donde se podrá comprobar la forma de vida y cultura de los colonos primitivos.

Con el paso de los siglos, las primeras comunidades se extendieron, en gran parte por la fertilidad de la tierra y los pastos para el ganado. También es reseñable la proliferación de explotaciones mineras en la zona.

Durante la expansión del Imperio Romano, las legiones encontraron en La Manchuela un lugar donde retirarse y vivir. Estos nuevos pobladores, una vez conquistada la Península Ibérica, se quedaron a vivir en las ricas tierras que les proporcionaba la comarca. Mosaicos, puentes romanos, termas, cerámica, vidrios y otros enseres son fácilmente reconocibles en los museos y centros especializados de las localidades. Una de las más importantes en la antigua "Egelasta", actualmente conocida como Iniesta. Pero también destacan las ruinas de Valeria, Segóbriga, Libisosa y Saltigi.

Son multitud las calzadas y vías de comunicación construidas por los romanos que han llegado a nuestros días. Muchas de ellas convertidas en las actuales carreteras, mientras que otras permanecen inalterables, salvo por el paso del tiempo.

Tras la dominación romana, en la península ibérica se asentó el pueblo visigodo. El cansancio de la situación política y el desgaste militar de la ciudad de las siete colinas llevó a una conquista sin derramamientos de sangre. Los restos de aquella época permanecen inalterables en Alarcón y Valeria.

Sería la invasión musulmana en el año 711 la que traería el máximo esplendor cultural y social a las tierras de La Manchuela Conquense. Durante los más de cuatro siglos de dominación árabe se establecerían importante núcleos territoriales como Almodóvar del Pinar, Alarcón y Campillo de Altobuey entre otros. Fue una época marcada por el crecimiento económico y la prosperidad, con algunos hechos puntuales de luchas internas y años de sequía.

La totalidad de la comarca quedaría reconquistada para los intereses de Castilla tras la caída de Cuenca a manos de Alfonso VIII en el año 1177. Durante el propio año se tomaría Alarcón a la que se dotaría de un fuero propio.

El siglo XIV es de vital importancia para la comarca, pues sería la época en la que se creó el Marquesado de Villena, el más antiguo de toda Castilla. En este dominio nobiliario entrarían todos los municipios que actualmente componen La Manchuela Conquense. El título se otorgó a la familia Aragón, hasta el fallecimiento de don Enrique, el Nigromántico, último descendiente de la casa.

Fue el momento en el que las tierras y títulos pasaron a don Juan Pacheco, uno de los personajes más enigmáticos que ha dado la historia. Este aristócrata intentó crear un reino casi independiente para sí mismo y para sus descendientes. Los Reyes Católicos comenzaron a recuperar las poblaciones para la corona, proceso que concluiría en el siglo XIX con la desaparición de los señoríos.

En la franja histórica de los siglos XVI y XVIII, la mayoría de municipios alcanzan la distinción de villa, y con la independencia lograda, la economía mejora de manera ostensible. La mayoría de monumentos que han llegado a nuestros días están datados en aquella época de auge económico y paz militar.

Históricamente, los últimos acontecimientos de relevancia se vivieron durante las Guerras Carlistas y la invasión napoleónica en el siglo XIX. Varias batallas de importancia tuvieron lugar en plena comarca. Del mismo modo durante la Guerra Civil española, varias localidades fueron la sede de Brigadas Internacionales.

La impronta histórica dejada por la comarca a lo largo de su cronología se ve reflejada en su riqueza monumental y arquitectónica. Desde los primeros pobladores hasta la actualidad, la belleza natural y la fertilidad de la tierra han atraído a los hombres. La fisionomía de las poblaciones manchegas ha permanecido casi invariables durante varios siglos. La mayoría de localidades están estructuradas en torno a la plaza y la iglesia, cuya torre se eleva sobre los tejados y lleva a ser visible en kilómetros a la redonda.

Esta imagen tan típica y tradicional se une a la casa de tapial (barro prensado) que se construía alrededor de un patio central que daba a todas las dependencias de la vivienda. Desde las habitaciones se podía acceder al lugar donde se guardaba el ganado y al almacén, normalmente en la primera planta. Las viviendas de esta fisionomía ha ido reformándose con el paso de los años, cambiando los materiales originales por otros más modernos.

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